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UN BARCO A LA DERIVA

Celso Glez.
E. Prieto
F. Ortega
G. de Lorenzo
I. Peral
M.R. del Amo
           
Celso González
Eugenio Prieto
Félix Ortega
G. de Lorenzo
Isaac Peral
M. R. del Amo

            El aterrizaje inesperado en 2ª división, tras el contubernio vasco-navarro, iba a suponer el inicio de una campaña de acoso y derribo desde diferentes frentes que, junto con la responsabilidad de los rectores del club, pondría al Real Oviedo en la situación más desesperada de los 75 años de historia que acababa de cumplir, al borde de la desaparición.

            La merma de ingresos (sobre todo los que garantizaba la televisión en la máxima categoría) hizo que el tema de la situación económica de la entidad cobrase plena actualidad. Desde el Consejo de Administración se comenzaba a filtrar la existencia de una deuda (entorno a los 2.000 millones de ptas.) que, por el hecho de ser inferior a la de otros equipos de parecido nivel, afirmaban que no supondría un obstáculo insalvable, sobre todo si se lograba el retorno inmediato a 1ª división, para lo cual se apostó por no vender a los que se consideraban principales activos deportivos de la plantilla. Se rechazaron ofertas para traspasar a quienes se consideraban los puntales que permitirían el retorno.

            Tras un fuerte inicio liguero llegando a ocupar el liderato, el rendimiento fue descendiendo, si bien las opciones de ascenso se mantenían al llegar al tramo final de la competición. Casi todas se esfumaron el 21 de marzo de 2002 cuando el Elche venció en el Tartiere por 3-6. Aquel día, el divorcio existente entre afición y dirigentes que se había ido generando en los últimos años, llegó a su máxima expresión y en medio de espectáculo cuando menos poco edificante, los aficionados se rebelaron contra el consejo de administración asaltando incluso el palco los más radicales, en una especie de motín popular e invadiendo el terreno de juego antes del fin del partido, personificando las quejas en el máximo accionista Celso González y el presidente Eugenio Prieto. El primero había dejado la sociedad a la deriva desde el descenso, despreocupándose de su gestión. El presidente, que había vivido unos años de bonanza deportiva con el equipo en 1ª división y que había sido unánimemente reconocido por una acertada gestión, se había convertido en su propia antítesis. La desidia era la palabra que mejor definía el devenir de una sociedad que tenía a su director general, Félix Ortega, como mano derecha de Celso González y brazo ejecutor de sus intereses personales frente a los del club (siempre marcados por rumores de oscuros negocios amenzantes para la entidad). Entre mentiras y medias verdades, Eugenio Prieto estaba preparando su huída hacia el mundo de la política, convirtiendo lo que en los últimos años había sido un drástico enfriamiento de relaciones con el alcalde de la ciudad, Gabino de Lorenzo, en una guerra abierta en la que el gran perjudicado iba a resultar el Real Oviedo, elemento utilizado para una disputa que era política.

 
retirada de pancarta
asalto al palco
 
la retirada de una pancarta originó los incidentes
el palco a punto de ser asaltado
 
invasión del campo
salida del parking
 
invasión de campo
los disturbios continuaron tras el final del encuentro
 

            Al club, junto con la afición los únicos inocentes, los ataques le llegaban de todos los lados, pues hasta nació una asociación de supuestos aficionados llamada "Patrimonio azul", presidida por Isaac Peral y entre cuyos integrantes se encontraba el presidente del Astur, Mario Rodríguez del Amo, que declaraba querer encabezar la lucha por un futuro mejor para el Real Oviedo. Se demostraría poco después no ser más que otro instrumento para lograr llevar a buen fin un complejo complot urdido para acabar con el club.

            Con cuentagotas iban apareciendo a lo largo de la temporada procupantes noticias, rumores y filtraciones que apuntaban a que la deuda real era mucho mayor. Mientras Prieto confirmaba su salto a la política y el abandono del club al término de la temporada (el ascenso era imposible y la fuerte apuesta fallida del comienzo iba a incrementar la deuda con un gran déficit), el alcalde reúne a lo que se conoció como "comité de notables" para que hiciesen un estudio de la verdadera situación financiera del Real Oviedo. Ese comité de expertos formado, según palabras del propio Gabino de Lorenzo, "por profesionales de reconocido prestigio y de probada independencia", emitiría un informe que cifraba la deuda en 6.600 millones de ptas. y establecía unas pautas a seguir.

            Pero el alcalde no quiso saber nada que supusiese la continuidad del equipo. Sólo quería tener un argumento sobre el que basar su decisión de enterrar al Real Oviedo, una de las pocas cosas que no dirigía en la ciudad y tener un club de fútbol que sí fuese fácilmente manejable. Entre los "notables" sólo hubo uno que discrepó y se opuso a aceptar sin más que el Real Oviedo no tenía solución y debía desaparecer: el profesor universitario Manuel Lafuente, conocido por su abierta crítica a la gestión de Eugenio Prieto. Desde ese momento se convirtió en enemigo para el alcalde. El 26 de mayo de 2002 el diario LA NUEVA ESPAÑA (convertido en una especie de boletín oficial del Ayuntamiento) publicaba lo que era el bautismo oficial del que estaba llamado a suceder al Real Oviedo fundado en 1926. El alcalde anunciaba que el modesto Astur (equipo del barrio de la Argañosa desde 1923) serviría para crear un nuevo Oviedo que partiendo de la 3ª división debería estar en dos años en el fútbol profesional, poco menos que por orden municipal. Se trataba de aprovechar la crisis para acelerar la desaparición del Real Oviedo, sacar rendimiento político culpando a los dirigentes (enemigos políticos), perjudicarles patrimonialmente y crear un club de fútbol gestionado por gente de su confianza que se plegase dócilmente a sus deseos.

           La puesta de largo tendría lugar a continuación, en un triste acto en el campo del Astur al que acudieron muchos de quienes se tenía por oviedistas y se pensaba que no aceptarían, sin más y sin luchar, la desaparición del Real Oviedo, como el presidente de la federación de peñas azules o jugadores legendarios de la historia oviedista de todos los tiempos (desde el mítico «ANTÓN» hasta CARLOS).

            Afortunadamente la afición no haría lo mismo, echándose a la calle para luchar por la salvación. Sería el inicio de lo que iba a ser un bella página, sin precedentes, que iba a ser escrita en la historia del fútbol.

 
manifestación
 
mayo de 2002: el oviedismo sale a la calle por primera vez en defensa de su equipo
 

            Mientras la temporada daba sus últimos coletazos con una plantilla que acumulaba derrota tras derrota, sólo preocupada por la percepción de sus fichas y por las denuncias que interpondrían en caso de no cobrar y que descenderían al club a 2ª "B", el vacío de poder era absoluto en un club que era un barco a la deriva. El máximo accionista no daba señales de vida mas que para anunciar que no desembolsaría ninguna cantidad, el presidente se preocupaba de su actividad política y el director general preparaba su salida. Entre tanto, los que habían aparecido en escena manifestando su intención de trabajar por y para el Real Oviedo, como era la asociación "Patrimonio Azul" (Isaac Peral acabaría siendo presidente del engendro auspiciado por el alcalde para sustituir al club), se posicionaba presurosamente al lado del alcalde, saliendo a la luz sus verdaderos intereses: gestionar el nuevo equipo que había de sustituir al Real Oviedo.

            Con aquella situación, la figura de Manuel Lafuente aparecía como la única esperanza a la que se aferraba una afición que seguía convocando concentraciones y manifestaciones para reivindicar la continuidad del club. En vísperas de una junta general de accionistas adquiere, por el valor simbólico de un euro, el paquete accionarial de Celso González, confiando en que la desparición de los enemigos políticos del alcalde supusiesen un giro en sus intenciones. Pero lejos de producirse tal cosa, cuando Lafuente tenía apalabrada la presentación en la junta de un nuevo consejo de administración de consenso que aglutinase a las fuerzas vivas de la ciudad para, todos juntos, luchar por el reflotamineto de la entidad, las ingerencias del edil dieron al traste con esa intención.

           Era el mes de julio y Lafuente, pese a ser el nuevo máximo accionista, no se decidía a dar el paso al frente y tomar las riendas de la entidad, cosa que hizo forzado por la situación, con un consejo de circunstancias y con el tiempo justo para poder gestionar contra reloj, con el aval del Principado de Asturias a cambio de publicidad en las camisetas, un préstamo que permitió pagar las fichas de los jugadores evitando el descenso administrativo.

            Se afrontaría en 2ª división una temporada, la 2002/03, en la que lo menos importante iba a ser el fracaso deportivo que llevaría al equipo a descender de categoría hasta la 2ª "B" por segunda vez en toda su historia. El plan para acabar con el conjunto azul seguiría su curso en la sombra, con tímidos acercamientos del alcalde cara a la galería. Por temporadas se volvía a vivir una guerra fría en la que desde la alcaldía se prometía apoyo públicamente, mientras quien realmente lo recibía era el Astur.

 
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