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UNA FINAL DE COPA AL ALCANCE DE LA MANO

alineación 22/04/1934
 
DE PIE: "Chus", Castro, Lángara, Óscar, Sirio, "Jesusín", "Emilín", "Casuco", Calichi, "Herrerita"
AGACHADO: Gallart; MESTALLA (22/04/1934)

            El Oviedo y el Valencia habían quedado emparejados en las semifinales de la Copa de España de 1934 (era la temporada 1933/34 pero de aquella se celebraba íntegramente en el año 1934 pues se disputaba el torneo a la conclusión de la liga), aquellos años denominada Copa del Presidente de la República.

            El partido de ida (22/04/1934) se celebraba en Valencia y el marcador de Mestalla llegó a reflejar un claro 0-2 para los oviedistas (marcaron LÁNGARA y «CASUCO»), que estaban siendo muy superiores realizando una memorable exhibición a decir de las crónicas.

            «EMILÍN» confesó años después al periodista Manuel Sarmiento Birba que durante el descanso se les indicó por parte de los dirigentes que "no apretasen mucho" en la segunda parte para no perjudicar la taquilla venidera en Buenavista en la vuelta. El caso es que el partido concluyó 2-2 al marcar por partida doble los del Turia en los minutos finales del partido y nadie le dio importancia a la igualada recordando que en la reciente visita valencianista en liga, el Oviedo había vapuleado a los chés por siete goles a cero (justo dos meses antes: el 22 de febrero). Conocida la confesión años después se explicaban declaraciones como las que recogía la prensa tras el encuentro del capitán ÓSCAR ÁLVAREZ ("este empate dará mayor interés al segundo partido y una mejor recaudación a nuestro club"), a las que no se les dio importancia en su momento.

            En la capital de Principado y en general, en todo el país, se daba por segura la presencia de los azules en una final que se pensaba iba a disputarse en Santander (el Madrid tenía pie y medio en la misma tras derrotar 0-2 al Betis en el partido de ida de la otra semifinal) y se comenzaron los preparativos organizando trenes especiales para el viaje hasta la ciudad cántabra. Pero una semana después, el 29 de abril, el entrenador Emilio Sampere cometió la osadía -quizás forzado por los directivos- de reservar a un jugador como GALLART para una final que no se había logrado (formaron INCIARTE y «CASUCO» el ala derecha y fracasaron estrepitosamente) influido por el ambiente de optimismo desmesurado que se había creado. Todo ello tuvo justo castigo con una merecida victoria por 1-3 de un Valencia que además jugó con varios suplentes y en el que destacó el antiguo jugador oviedista ABDÓN. Dos goles de COSTA y uno de VILLAGRÁ hicieron inútil el tanto de «EMILÍN» en un campo que, además, registró una pobre entrada al haber subido el precio de las localidades de las 4 ptas. habituales hasta las 5. No hubo final ni para los oviedistas ni para el Sardinero santanderino. Madridistas y valencianistas acabaron disputando la final en Barcelona, en el estadio de Montjuich.

            El desencanto en la ciudad fue mayúsculo. Nadie se creía que el Oviedo hubiese caído derrotado cuando Buenavista no había visto en sus más de dos años de vida ninguna derrota local (los 28 partidos oficiales de distintas competiciones jugados como tal se habían saldado con 24 triunfos y 4 empates, anotando casi cinco goles de media y encajando poco más de uno). Y es que sólo en el campeonato liguero, en la temporada 1932/33 el ascenso a 1ª división se había logrado sin conocer la derrota en los partidos jugados como local (8 victorias y un empate con 41 goles a favor y 9 en contra) y en la recién terminada liga 1934/35, ya en 1ª división, los números asustaban a cualquier visitante (también 8 victorias y un empate marcando 39 goles y encajando 14). Si a esto sumamos que en 1/8 de final se había vencido 4-0 al Donostia (actual R. Sociedad) y en 1/4 de final el Español había caído por un contundente 5-2, la solvencia de la "delantera eléctrica", al menos jugando de local, parecía asegurar pasar sin problemas por encima de un equipo que acababa de recibir un 7-0.

            La victoria del Oviedo en Valencia por 0-4 en la Liga siguiente, lejos de suponer una venganza deportiva supuso aumentar el lamento por la ocasión perdida de disputar una final copera.

            La recomendación hecha por los dirigentes de "no apretar" quizás impidió sentenciar la eliminatoria en la ida y una confianza desmedida que se demostró injustificada, hizo el resto.

 
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