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El Requexón
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EL CONSEJO DE ADMON. CON EL QUE RETORNÓ LA PESADILLA

consejo de admon. en el Tartiere
 
Eloy Suárez, Justo García, "Toño" Velázquez (entrenador), Jorge Sánchez, Juan Mesa, Marco Pintado y M.A. López

            Cuando a mediados del mes de junio y en vísperas de disputar frente al Coruxo el transcendental partido de vuelta de la primera eliminatoria de la fase de ascenso a 2ª división "B" el juez Javier Antón Guijarro dictaminó que el principal paquete accionarial de la entidad debía cambiar de manos arrebatándoselo al entonces presidente Manuel Lafuente, se desvanecieron muchas de las ilusiones existentes para que el largo proceso iniciado con una suspensión de pagos que acababa de concluir satisfactoriamente cumpliese la fase final y definitiva consistente en acometer una renovación total del mapa accionarial de la sociedad. Sin embargo, lo que de hecho suponía el regreso a la primera fila de los causantes del desastre que había arrojado al club hasta la 3ª división y lo había puesto en trance de desaparición, todavía iba a traer consecuencias mucho más lamentables de lo esperado por la extraordinaria rapidez con que se alcanzaría el deterioro de la entidad con el nuevo Consejo de Administración.

            Manuel Lafuente había afirmado desde el primer día en el que accedió a la presidencia tras adquirir el paquete accionarial de Celso González por un simbólico euro, que estaba dispuesto a pactar con el diablo con tal de evitar la desaparición del club. En medio de lo que se bautizó como una gran partida de tahúres, tras pasar por numerosas calamidades, el año 2005 se iniciaba con la gran noticia de que el proceso concursal al que había estado sometido el Real Oviedo había llegado a un final feliz con la firma de un convenio de acreedores por el que se cancelaba la deuda privada del club a cambio de derechos de cobro con porcentajes de los posibles traspasos de futbolistas que la entidad pudiese realizar en los siguientes 20 años y se periodificaba el pago de la deuda pública. El siguiente paso previsto era afrontar una operación acordeón que anulase el capital social existente para acometer una posterior ampliación cuyo exito garantizaba el apoyo municipal, a la vez que se adoptarían fórmulas que impidiesen caer de nuevo en manos de un máximo accionista con poder absoluto. Era lo que se dió en conocer como "plan Sarmiento" por haber estado inspirado en la propuesta del asesor municipal Rufino Sarmiento.

            Sin casi tiempo para iniciar el proceso surge la noticia: aparece en escena un fugaz antiguo consejero llamado José Ángel García que manifiesta ser —junto con su socio Fernando Pantoja— el legítimo propietario del principal paquete accionarial en manos del presidente Lafuente en base a una compraventa realizada a finales del año 2003 materializada en un vendí que Manuel Lafuente habría firmado en blanco para que, a posteriori, Celso González por mediación de una de sus empresas designase nuevo propietario. La negativa de Manuel Lafuente ante la solicitud de entrega de los títulos originiaría una reclamación judicial que representaría un espectáculo cuando menos grotesco en muchas de las fases de su desarrollo.

            En un tramo final de una temporada vital para el futuro de la sociedad que se vio tremendamente dificultado por la exorbitada minuta cobrada por el abogado Alejandro Alvargonzález, encargado de llevar adelante el proceso concursal, que se apropió de los ingresos que le quedaban al club para terminar la campaña, se vivió en el Juzgado de lo Mercantil —al frente del cual estaba el magistrado Javier Antón Guijaro— un juicio que, por momentos, representó escenas más propias de una obra bufa que de otra cosa, como cuando el testigo clave de la parte reclamante (el exconsejero Luciano Huelga) afirmó haber presenciado la firma en blanco de Manuel Lafuente en lo que después se convertiría en documento clave y cómo tras ser roto, recogió los trozos desperdigados por el suelo.

 
Alejandro Alvargonzález
Antón Guijarro
Fernando Pantoja
 
Alejandro Alvargonzález
Javier Antón Guijarro
Fernando Pantoja
 

            El juicio se celebró en medio de una gran expectación y, al menos, sirvió para que apareciesen en escena tanto Celso González como Fernando Pantoja, un personaje este último que simplemente figuraría como tenedor de la mitad del paquete accionarial de la discordia (José Ángel García sería el otro testaferro de Celso González) sin que, pese a ello, tuviese nunca la menor relación con la sociedad.

            En julio de 2005 tuvo lugar la junta de accionistas en la que se habría de producir el nombramiento del nuevo Consejo. La asamblea estuvo marcada desde el inicio por las protestas hacia quienes desembarcaban de nuevo en el club que ofrecerían desde el primer día una postura arrogante y chulesca. Pese a afirmar que la adquisición se había producido en 2003 no aparecieron en escena hasta que el proceso concursal había concluído.

 
Celso Glez.
Pintado increpado
 
Celso González accediendo a la sala
García increpado a la salida de la junta
 

            Tras ofrecer el puesto de presidente en principio a "Toni" Fidalgo, después de la negativa de este se realizaron diversos nuevos ofrecimientos que tuvieron la misma respuesta negativa (al peluquero Ramiro Fernández, por ejemplo) aceptando en última instancia el antiguo jugador y gerente de la entidad Juan Mesa, quien llevaba varios años jubilado y que pasaría a presidir el club en parte de manera simbólica, a la vez que ponía orden en el desbarajuste administrativo existente, mientras llevaban el timón en el resto de aspectos los testaferros de Celso González (J. Ángel García) y de Eugenio Prieto (Marco Pintado). Completaban el órgano gestor Jorge Sánchez, Manuel Ángel López, Fernando Martínez, Jerónimo Llano y Justo García a quienes se sumaría con posterioridad Eloy Suárez.

            La extraordinaria relación que se había establecido entre la afición y todos los estamentos del club en los duros años de la 3ª división se rompió desde el primer día. Con amenazas a distintas peñas, una posición arrogante y la prepotencia por bandera, se dieron situaciones tan sorprendentes como la de que, estando en una categoría superior, se pasó de contar con 12.800 abonados a no alcanzar siquiera los 10.000, descendiendo en similar proporción la asistencia media a los encuentros disputados en el Carlos Tartiere.

 
García
Pintado
 
José Ángel García
Marco Pintado
 

            Y por si fuera poco, la nefasta gestión se trasladó también al ámbito deportivo. Tras imponer Antonio Rivas, en contra de las intenciones iniciales de los nuevos mandatarios, sus criterios para continuar en el banquillo tras el ascenso a 2ª "B", cesado este de una manera lamentable en la segunda vuelta (por teléfono y con sucesivas disputas internas entre los miembros del consejo), en la segunda temporada de su gestión Marco Pintado y J.Á. García se pusieron al frente de una teórica comisión deportiva que daría hasta 17 bajas en la plantilla que se había clasificado 7ª la campaña anterior fichando a una serie de jugadores de extraña procedencia en muchos casos y calidad más que discutible. Confeccionaron un plantel que era, además, tremendamente descompensado y contaron con la connivencia de J. Antonio Velázquez, el entrenador que se prestó a poner el carnet aceptando sin rechistar figurar como máximo responsable técnico de una aventura que se preveía desastrosa. La consecuencia para el primer equipo fue que se acostumbró a deambular tristemente por la zona baja de la tabla con riesgo de descenso a 3ª división, un riesgo que se fue convirtiendo poco a poco en algo más a lo largo de lo que terminaría siendo la más calamitosa temporada de la historia azul.

            La hecatombe se extendería a toda la institución y en el plano deportivo tuvo su reflejo incluso en el fútbol base. Tras poner al frente de las categorías inferiores al argentino "pato" Gibelli (otro personaje cuya incorporación era, cuando menos, de difícil justificación), la nefeasta planificación que llenó de problemas el desempeño de las labores en el Requexón, el primer equipo juvenil vio cómo se salvó in-extremis y milagrosamente de perder la categoría en la que siempre había militado y en la que acostumbraba a ocupar la zona de honor.

            La renovación del consejo tras la ampliación de capital acometida a finales de 2006 iba a permitir la salida de quienes tendrán un tristísimo papel en la historia del equipo oviedista. Pero era el mes de enero, la situación que era angustiosa fue a más con episodios tan sorprendentes como la dimisión del nuevo presidente "Toni" Fidalgo antes de cumplir un mes en el cargo y terminó convirtiéndose en límite e irresoluble. El caos existente, unido a la más que deficiente actuación de unos recién llegados que, lejos de tomar decisiones que supusiesen un giro (las incorporaciones en el mercado de invierno no solucionaron nada y los dos cambios en el banquillo menos) condujeron al club a certificar la mayor vergüenza de sus más de ochenta años de historia: descender, en esta ocasión por deméritos de deportivos, a 3ª división cortando de raiz el camino emprendido para el resurgir de una entidad a cuyos seguidores parecía ponerse a prueba una y otra vez de una manera cruel con contínuos sinsabores que amenazaban con acabar con toda ilusión.

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